¿Por qué eficiencia energética?


La eficiencia energética bien podrá ser categorizada como una nueva fuente de energía. ¿Nos seguiremos dando el lujo de prescindir de este recurso?
Nuestro país está afrontando una situación energética delicada caracterizada por:

  • La urgente necesidad de efectuar cuantiosas y costosas inversiones para cubrir la demanda futura de energía y actualizar la infraestructura de generación y distribución, tanto de electricidad como de gas natural.
  • Un aumento sostenido de la demanda global de energía inducida tanto por el crecimiento económico como por las pautas de consumo habituales.
  • La imperiosa necesidad de diversificar nuestra matriz energética para aliviar la presión sobre nuestras reservas de petróleo y gas que juntas representan cerca del 90% de nuestro abastecimiento de energía primaria.

La energía, en todas sus formas, es esencial para el ser humano, sin embargo, es conocido que su consumo resulta por lo general poco eficiente porque lleva aparejado ciertas disfunciones y derroches que en la mayoría de las veces no pasan desapercibidos y que pueden ser corregidos mediante medidas y acciones educativas, tecnológicas y organizativas que deben ser necesariamente promovidas.

El fomento de la eficiencia energética, y aquí el Estado juega un rol esencial, se inserta en una estrategia que debería apuntar al uso óptimo de nuestros recursos energéticos, tanto desde el punto de vista del funcionamiento del sistema energético como del desarrollo del país. Se busca con esto:

· la seguridad de abastecimiento energético en todas sus formas, al controlar y racionalizar la demanda;
· la eficiencia económica, al contribuir al incremento de la competitividad de las actividades económicas;
· el cuidado del ambiente, por su incidencia en la reducción de las emisiones contaminantes y con efecto invernadero asociadas con la producción y el uso de la energía;
· la equidad social, al generar recursos para una mayor satisfacción de necesidades como la educación, salud, alimentación y vivienda.

Específicamente, la eficiencia energética (EE), o también denominada uso eficiente de la energía (UEE), apunta a entregar los mismos o mayores servicios que la energía presta en todos los ámbitos de la actividad económica, residencial y social (fuerza motriz, calor de alta, media y baja temperatura, calefacción, cocción de alimentos, iluminación y procesos industriales) utilizando menos energía sin sacrificar el confort o la actividad económica a la que sirve.

Así, por ejemplo, mediante medidas de buena administración energética, las cuales requieren baja o ninguna inversión y son apropiadas para ser aplicadas de inmediato, pueden inducir ahorros de entre 5 a un 10% en relación con los consumos actuales. Ejemplos de estas medidas son capacitar, informar y motivar; monitoreo sistemático y permanente de consumos; prevención de pérdidas térmicas mediante la aislación de líneas de vapor y de condensado, calderas, hornos, edificios; control de calefacción y aire acondicionado mediante la fijación y control de temperaturas; control de consumos de electricidad a carga máxima; revisión periódica de las estructuras de las tarifas en los contratos de suministro; control del funcionamiento de las instalaciones (mantenimiento apropiado, instalación de equipos de medición y monitoreo en equipos de mayor consumo, mejorar ajuste de quemadores, etc.); eliminación de consumos “sin carga”, etc.
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